domingo, 26 de julio de 2015

La empatía es una decisión, y puedes entrenarte para sentirla

La empatía es una de las emociones esenciales del ser humano. Cuando Philip K. Dick quiso distinguir entre humanos y clones en su novela Do Androids Dream of Electric Sheep? eligió la empatía como su diferenciador, e incluso creó su propia prueba de Turing: el Voight-Kampff Empathy Test. Dick creía que la empatía era la cualidad que nos definía como seres humanos y nos hacía diferentes a las máquinas que, por su parte, amenazaban con dominar el mundo. 

© Desconocido

La supremacía moral-emocional de la empatía tiene que ver con que parece conectarnos con la capacidad de servicio, de vivir en función de un propósito superior y sacrificarnos por los demás. La religión abunda en la exaltación de la empatía, y esta emoción tiene un aura. 

Desde el camino del bodhisattva, que pospone su reunión completa con la divinidad hasta que todos los seres despierten - pese a que el bodhisattva ha logrado ya la iluminación, su profunda empatía le ordena asistir a la liberación de todos los seres - hasta la hermandad casi panteísta de San Francisco de Asís, para quien las aves eran hermanas, al igual que el agua y el Sol y toda la naturaleza, y quien dijo: "Recuerda que cuando dejes la Tierra, no podrás llevarte nada de lo que has recibido - solo lo que has dado". Sentir el dolor del otro crea un sentimiento de piedad y traza un puente de comunión, es el vínculo más íntimo. 

No resulta entonces extraño que nuestra cultura enaltezca la empatía y que actualmente se investigue cómo se genera esta emoción también desde una perspectiva neurobiológica. Existe cierta tendencia reduccionista que sostiene que la empatía es una función cerebral o una serie de conexiones neurales que se tiene o no se tiene, cuya ausencia es precisamente lo que define a algunas personas como psicópatas o narcisistas. 

Sin embargo, una nueva investigación realizada por un grupo de científicos sugiere en cambio que la empatía es una decisión, e incluso, personas calificadas patológicamente como sin empatía pueden sentir esta emoción bajo la coacción de su voluntad. 

Los diferentes estudios que avanzan en esta dirección más flexible de la empatía son recogidos en el NY Times. Los investigadores demuestran que cuando las personas"descubrieron que la empatía era una habilidad que podía aprenderse - a diferencia de una característica fija de la personalidad", lograron sentir empatía por grupos raciales distintos, por lo que "la empatía por personas diferentes a nosotros puede expandirse, modificando nuestras creencias sobre la empatía". 

Los autores encontraron que las personas con cargos de alto nivel mostraron niveles más bajos de empatía. Pero leen esto no como una menor capacidad de empatía, sino como una menor motivación para sentirla, al tener menos incentivos para interactuar con los demás, algo que podría modificarse simplemente si cambiaran su visión basada en costo-beneficio y decidieran empatizar. 

Otro investigador encontró que personas con trastornos psicópatas logran sentir empatía cuando creen que los otros son parte de su grupo. Esto sugiere que si un psicópata lograra ampliar el rango de individuos con los que se identifica o a los que incluye en una comunidad, podría de alguna manera anular su trastorno. Extender esa comunidad a todos los seres del planeta sería sanar la psicopatología de la humanidad, de alguna manera, dicho ello no sin idealismo. 

Comentario: Bueno, quizás no sea difícil para un psicópata el sentir simpatía, no empatía por otros psicópatas, o bien, de simularla. Sería interesante cuáles son los parámetros que usaron para determinar, primero, que eran individuos psicópatas y, segundo, que realmente lograron sentir empatía por los demás. Quienes estudian a la psicopatía dejan perfectamente claro que los psicópatas no pueden sentir empatía, sino que su forma de ver a los otros es meramente instrumental, en el sentido de "¿Qué beneficio puedo obtener de esta persona?". "Empatizar" de acuerdo al "costo-beneficio" no parece ser una empatía real. 

Los autores concluyen que "los argumentos en contra de la empatía recaen en una visión obsoleta de esta emoción como una bestia caprichosa que debe someterse a la sobriedad de la razón... en nuestra perspectiva, la empatía es tan limitada como elijamos que sea". 

Son buenas noticias. Si sientes que te estás convirtiendo en un androide y que no sientes empatía por el mundo, solo convéncete profundamente de sentirla; decide ser empático. La empatía está dentro de ti.

Comentario: A pesar de los resultados dudosos del estudio en cuestión, resulta muy interesante el hecho de poner a la empatía como una decisión, pero se comete el error dereduccionismo si se descarta absolutamente todo lo que las neurociencias han descubierto al respecto. 

Tal vez, como siempre, es algo más complejo que combina factores psico-espirituales, como la conciencia moral, la voluntad, el sistema de creencias, la información y el conocimiento que uno posee, etc.; así como cuestiones neuro-fisiológicos, como las áreas del cerebro que tienen que ver con la empatía, los caminos aprendidos neurológicamente y automatizados, y las hormonas que hacen sentir más conexión y crear lazos afectivos con los demás; e incluso biológicos, como la flora intestinal y otros microorganismos que residen en nuestro cuerpo. 

Por ende, si bien es cierto que la voluntad quizás tiene un rol muy importante en desarrollar la empatía, se deben tener en cuenta todos estos aspectos si uno quisiera desarrollar la conexión con los otros y la actitud de servicio a los demás.

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